miércoles, 8 de agosto de 2012

RODANDO Y COMPARTIENDO




La estadía en Baños se agota y nos preparamos para seguir. Antonia se fue y nos disponemos para subir al refugio previo al volcán Tungurahua. Los tres arriba de Fusca y ahí vamos. La pendiente es dura y nuestro amigo se queja. Algunas explosiones nos indican que algo anda mal y entonces, por las dudas, volvemos y encaramos hacia las cascadas para pasar la noche en algún lugar.

Hasta acá llegó Fusca.
Pero a medio camino unas nuevas explosiones lo terminan por noquear y quedamos varados frente a una hidroeléctrica. ¿Y ahora? La noche es tan rápida en estos momentos que apenas atinamos a llamar a Sebastián del CATSO Club (club de escarabajos de Quito) quien nos dice que llamará un amigo de Ambato, a unos 50km. de donde estamos y este se comunicará con nosotros. El llamado de Raúl no se hizo esperar y nos recomienda llevar el auto hasta esta ciudad así lo pueden revisar. La entrada de autos de la hidroeléctrica se transforma en nuestro garaje-dormitorio y el costado de la ruta en el jardín para la carpa de Walter. Noche de pensamientos negativos, que si se fundió el motor, que va a salir muy caro, que como llegamos a Ambato. El sueño, implacable asesino de los pensamientos, vence una vez más y nos deja en suspenso hasta la mañana.
Despertamos, desayunamos y empujamos a Fusca hasta el medio de la ruta a ver si un alma generosa nos remolca. Un par de camionetas hacen la vista a un lado, pero un camión del ejército se apiada de nosotros y nos tira hasta Baños. Elegimos al azar un mecánico y nos da el diagnóstico: bujías flojas y más que negras. ¿Por qué no me dijeron que las bujías se cambian? Los más de 20000km. recorridos y la torpeza de quien les habla lograron lo que nadie pudo: que Fusca nos deje en medio de la ruta. El tan temido “que vas a hacer si te quedás en medio del camino, en otro país, justo vos que no sabés nada de mecánica” finalmente llegó. Y simplemente hice lo que pensaba hacer, esperar que alguien te ayude. Solo eso. Las manos que ayudan están en todos lados, no tienen raza ni religión. Hace muchos años, saliendo con mis viejos de la casa del Tigre, era de noche y estábamos cansados, pero cuando salimos un desconocido estaba varado con su camioneta. Mi papá bajó y estuvo no se cuanto tiempo hasta que la camioneta arrancó. Nosotros, fastidiosos por el cansancio, le recriminamos para que bajó y el nos dijo “mañana puedo ser yo el que necesite ayuda”. Desde ese momento he tratado de ayudar siempre que tuve la oportunidad pensando que algún día sería yo el necesitado. Y ese día llegó. Lejos de casa, de mi padre y de mis comodidades. Y unos extraños me remolcaron y otro extraño llamó a mi celular ofreciendo ayuda ¡Cuánta razón tenías viejo!
Igualmente la espera del arreglo se hizo amena ya que conocimos a Zambo Heredia, quien trabaja en el departamento de turismo del Parque Llanganates. Gentilmente nos invita a desayunar y pasamos una mañana muy agradable ¡Gracias Zambo, este encuentro no va a ser el único!
Salimos de Baños y nos dirigimos a Ambato. Raúl nos esperaba para el chequeo del auto ya que unas fallas nos hacían pensar que debíamos revisarlo por un experto. Encuentro, presentación fugaz y rápidamente al mecánico Henry. Igualmente algo me decía que con Raúl nos íbamos a llevar bien. Quizá porque es Arquitecto, o sea, como alguna vez dije anteriormente, buena persona. Nuevamente la noche, dejamos el auto en el taller y nos vamos a dormir a un hospedaje esperando salir por la mañana. Pero qué difícil es decidir por uno mismo en este tipo de viaje. Que la bomba de nafta, que la alarma, que el arranque. Todo indicaba que debíamos pasar más tiempo en Ambato y por suerte fue así. Raúl y la gente del Volks Club Ambato se organizaron y nos invitaron a dormir a lo de Franklin, otro integrante que nos recibió junto a su familia, en realidad fue casi una adopción. A partir de ahí el tiempo de espera para encontrar la solución del problema de Fusca se convirtió en una estadía de lujo. Reuniones y comidas en lo de Raúl, cumpleaños de Magda, la mujer de Franklin, reportaje en el diario local “El Heraldo”, todo en apenas un puñado de días.

Una de las tantas veces que el Fusca se encaprichó en Ambato. Esta vez con luna llena.

Raúl en su clase de mecánica número 83.

Cumple de Magda.
Alguna vez hemos hablado en este blog de las ciudades desconocidas que se vuelven importantes por el hecho de encontrar gente que en poco tiempo se convierten en amigos. Ambato es una de ellas. Pero esta vez lo vimos más claro porque Raúl puso en palabras lo que sentimos. En la noche de la despedida nos dejó una frase que dio vueltas en nuestras cabezas “los países se conocen rodando y a la gente compartiendo”. Nuestro viaje poco a poco se resume en esa frase. Rodamos y conocemos lugares, paisajes, olores, sabores, culturas. Pero si solo rodáramos nuestra aventura no sería completa. Por eso compartimos y así conocemos gente. Y ellos siempre tienen algo para ofrecernos. Una charla, una cama, un plato típico, un tiempito a pesar de sus trabajos, sus familias, sus casas, sus experiencias. Y nosotros recibimos todo y nos sentimos en deuda. Permanentemente esa sensación de “¿y qué le ofrecemos a ellos si no tenemos mucho para dar?” Y es ahí cuando debemos hacer memoria y recordar lo que permanentemente nos dicen “ustedes despertaron sueños dormidos, nos animan a salir al mundo y cumplir con ellos”. ¡Qué responsabilidad, pero que orgullo que te lo digan! Quizá ese es el mensaje que dejamos tácitamente mientras avanzamos y que sin querer lo desparramamos como semillas esperando que germinen. Me viene a la memoria un nenito en Cuenca, mientras vendíamos se acerca y nos pregunta emocionadísimo acerca del viaje. Y mientras los padres lo apuraban para irse me dice “quisiera que a mi papá le guste viajar como a vos”. Me dejó temblando ¿Viajará alguna vez? ¿Estará pensando en nosotros? ¿Lo habremos motivado y cumplirá sus sueños? Si algo de esto sucede en el niño o en alguna otra persona, entonces este viaje tomará para nosotros dimensiones desconocidas y nos llenará de orgullo eternamente. Creo que sí, eso es lo que tenemos para dar. Mucho o poco es lo que sinceramente damos, y nos llena de paz interior.

Hasta Pronto.

Ambato Night.
Se acabó Ambato con promesas de reencuentro y nos vamos para Quito. Otra capital del mundo nos espera, pero esta vez Sebastián y la gente del CATSO CLUB se encargan de que la gran ciudad no nos apabulle. Y no solo no nos apabulló, sino que nos encantó. Escondida entre montañas y volcanes, Quito se extiende a través de valles de norte a sur. Caminar por el centro histórico es volver el tiempo atrás. Calles de piedra, iglesias centenarias, callejones y esa luz amarillo nostalgia de los faroles nos recuerda a Cusco. Una gran ciudad pero que realmente no nos satura.

El centro histórico de Quito es uno de las más importantes de América. 

Convento de San Francisco.
Cúpulas de las Iglesias del centro.

La Ronda. 

El CATSO CLUB nos da la bienvenida y nos encontramos con otros viajeros. Los mejicanos de Rodando-Viajando y los chicos argentinos de Combi Aventura Chacha y David. Ambos vienen desde Méjico y se van para el sur, pero Ecuador nos reúne a todos. Miguel nos presta una habitación y cómodamente pasamos unos días en Quito con muchas actividades. Reportaje en el noticiero matutino de ECTV (la TV pública de Ecuador), asadito de domingo con la gente del club, chequeo del auto con cambio de rótula (gentileza de Diego, el mecánico del club), caminatas y visitas varias. Primero Paul nos acompaña y vamos a un lugar obligado en Quito: la mitad del mundo. La famosa línea del Ecuador se muestra de color amarilla marcando el límite entre hemisferios. Sensación rara saber que solo cruzando una línea se está del otro lado, más cerca del norte, más lejos de casa, más cerca de lo de Nico. Las fotos de rutina surgen y las preguntas también: ¿Te sentís diferente del otro lado? ¿Es verdad que estamos más cerca del sol? ¿Es verdad que el agua gira para el otro lado o que podes parar un huevo sobre la línea? Las dos primeras las contesto: es lo mismo un lado u otro, y sí, supuestamente estamos más cerca del sol ya que es la zona más alejada al centro de la Tierra. La última, sinceramente, todos por estos lados te lo confirman, este hombre no lo cree y me sentí muy tonto para preguntarlo o intentarlo, así que deberán venir ustedes y comprobarlo. Salimos de ahí y Paul nos llevó al local de sus padres para probar delicias caseras de la sierra ¡Qué rico todo, así da gusto viajar!

Con la gente de ECTV.

En la Mitad del Mundo.

Con Paul y su familia, degustando colada morada y empanadas.

El fin de semana nos fuimos a Otavalo y a la laguna de Cuicocha. Esta se encuentra en la boca de lo que era un viejo volcán, y donde había lava y fuego ahora hay agua y verde. Mírenlo ustedes mismos.



Una obra en construcción sin sereno se convierte en nuestra morada, así que pasamos la noche entre estrellas fugaces (no me canso de mirarlas), avena caliente y muuuucho frío.
Regresamos a Quito, a lo de Miguel y nos preparamos para salir. Nos despedimos de Sebastián y su mamá, de Miguel con unas pizzas caseras y partimos al oriente. Nuevamente la selva, el calor tropical, los mosquitos y las frutas exóticas nos esperan.

Con Sebas del Catso Club.

Hasta Pronto Quito. 

lunes, 9 de julio de 2012

UN PICHIRILO SUELTO EN ECUADOR


Eramos pocos y parió la abuela.
No hay dos sin tres. Ya con nuestro amigo Walter a bordo, y después de pasar nuestra primera noche en la aduana, nos encaminamos hacia la sierra. La vegetación y las plantaciones de bananos nos avisan que estamos en Ecuador. Llegamos a Cuenca, una de las ciudades más importantes del país y en lo personal, una de las mas lindas del viaje. Cuenca combina perfectamente historia, modernidad, espacios naturales, tradición y arquitectura en la tercer ciudad más poblada del Ecuador.

De fondo, la Catedral y sus cúpulas, un emblema del centro de la ciudad. 


En un principio planificamos quedarnos sólo dos o tres días. Pero nos enteramos que casualmente comenzaban los festejos del Corpus Christi, fiesta religiosa en donde durante una semana se realizan misas celebrando la presencia de Cristo en la Eucaristía, y se arman ferias de dulces y artesanías alrededor de la plaza, donde por la noche la invaden luces y estruendos de fuegos artificiales. Probamos con nuestra venta de bijouterie y postales y nos fué muy bien. Al final nos quedamos casi 10 días. Se darán cuenta que la pasamos bien. Y que por más que uno planifique y quiera programar que va a ser de su vida, nos damos cuenta que algo de improvisación siempre suma. Para viajar hay que desestructurarse y estar preparados para adaptarse a las situaciones que se nos presentan. Cuando entramos a Ecuador pensamos que en 20 dias lo recorreríamos y que el mes de julio nos encontraría en Colombia. Con el tiempo nos fuimos alejando de esa idea original y reprogramando la ruta a seguir.

Ser o no ser hippie. Esa es la cuestión.
LLuvia de chispas en el medio de la muchedumbre.

Feria de dulces.
Otra de las cosas que hicimos en Cuenca fue aprovechar los espacios verdes cuando el sol salía y las nubes lo permitían. Cada vez que podíamos nos íbamos al Parque El Paraíso a armar artesanías, a comer barato (había menúes por 1,25 dolares) y a practicar yoga. (Fede ausente en las clases por carecer del gen de la elasticidad).


Parque El Paraíso.


Ruinas de Pumapungo.
Guacamayos del Zoo de las Ruinas.
 Una de las noches que hicimos feria, como siempre nos ponemos a conversar con gente que se interesa por el viaje. Así conocimos a Mauricio, un cuencano muy servicial que quería que compartamos algún momento antes de seguir viaje. Terminamos desayunando en su casa a la mañana siguiente y hablando sin parar. Un genio. Días después dejamos Cuenca para seguir viaje.

Con Mauricio y su hija. 
 Cuando nos despedimos de la familia y amigos tuvimos muchas promesas de viajes y encuentros en nuestra ruta, pero debo decir que la primera que cumplió la promesa de viajar para encontrarnos (sin contar a Walter) fue mi madre. Cuando estábamos en Cuenca, Antonia me avisa que puede viajar a Guayaquil a encontrarse con nosotros, y además asistir al recital de Ricardo Arjona, músico del cual es fanática. Pero fanática, fanática. A ver, para que se den una idea, mi mamá integra en Argentina un club de fans llamado Gitano Urbano, cuyos miembros están al tanto de nuestra travesía por América gracias a las redes sociales. Tal es así que en Guayaquil estábamos invitados  a hospedarnos todos los viajeros en la casa de Jonathan, amigo arjoniano de mi madre. De repente, después de haber estado casi siete meses navegando solamente dos en el bolido amarillo, en la calle codo a codo, nos convertimos en un equipo de 5 integrantes recorriendo Guayaquil: Fede, yo, y por orden de aparición: Walter, Jonathan y Antonia. Fuimos para todos lados con el Fusca.


Reencuentro en el aeropuerto de Guayaquil.
Una vez que nos encontramos con Jonathan y nos instalamos en su casa, fuimos a buscar a Antonia al aeropuerto, y sin darle tiempo a que desarme las valijas fuimos a almorzar y a encontrarnos en canal Uno de Guayaquil con Charlie y el Chino, que nos hicieron un reportaje para el noticiero de medianoche. Fue tanta la buena onda del camarógrafo y el periodista que la entrevista duró como hora y media y terminamos comiendo unas empanaditas en la puerta del canal.


El fin de semana aprovechamos para visitar los dos malecones, Las Peñas y su faro, el Parque Histórico, la plaza de las iguanas, el centro, hasta fuimos al cine y los muchachos se fueron a la cancha a ver Barcelona vs. Nacional. (Jonathan todavía se debe estar arrepintiendo de haberlos invitado, porque los mufas hicieron que Barcelona pierda el invicto)



Parque histórico. 

Antiguo mercado del Malecón.

Los Cinco Latinos.

En el Malecón 2000.

Parque de las Iguanas.
Comenzamos la semana con ganas de ir a la playa. El lunes agarramos la ruta del sol y paramos en montañita. El lugar está plagado de argentinos  para donde se vaya. El mar y los atardeceres son increíbles, pero el clima no nos fue del todo favorable y la mayoría de los días lloviznaba. Aún asi, no dejamos de disfrutar del lugar, de la gastronomía y de nuestros nuevos amigos que estaban hospedados en el mismo lugar que nosotros. Toda una banda a lo Clave de Sol.

Montañita.

Puerto López.


Avistaje de Ballenas.

Le pusimos ondaaaaa!!!
El lunes regresamos con Fede y mi madre a Guayaquil por motivos varios. Teníamos otra entrevista con un periodista del diario Metro Ecuador, de distribución gratuita. Y además teníamos que despedir a Antonia que ya se marchaba para Argentina. Pero por un error de cálculos perdió el avión de vuelta y nos volvimos a la casa de Jonathan. No hay mal que por bien no venga, reprogramamos el viaje y nos fuimos una semana a Baños, lugar que reiteradas veces nos recomendaron, con muchos atractivos naturales y  destacadas cascadas. Qué es obligatorio hacer ahí? Bañarse en las aguas termales y hacer la ruta de las cascadas.
En Baños, nos hospedamos en el Hostal El Edén, invitados por Karina de Cuenca, que en la feria se acercó a nosotros y nos regaló unas noches de sábanas y toallas limpias!!!! Gracias totales!!!
Nos quedaron pendientes visitar otros lugares pero se complicaba con la lluvia que nos seguía desde la costa. Quedará para otro viaje!

Despedida de Guayaquil, con Lucy, la mamá de Jonathan, que nos recibió como si fueramos familia. Una grande!!!

Entrevista con Metro Ecuador.

Catedral de Baños.
Cascada Manto de la Novia.
Cascada El Pailón del Diablo.
Una semana después, esta vez sí, nos despedimos de mi mamá. En esta oportunidad pudo tomar el avión que la vez anterior no quizo abordar. Estoy convencida que todo pasa por algo y todo tiene un porqué. Está en nosotros tener la mente abierta para descubrirlo.